Opinión

Voluntad política

Dentro de los claro-oscuros de la administración Santos, vale la pena rescatar los avances que registró el turismo, un sector que fue relevante en el desarrollo de la economía nacional. En los últimos años la actividad cruzó umbrales insospechados, que eran poco previsibles después del prolongado período de aislamiento internacional que en razón del conflicto armado vivió el país, y que tuvo hacia finales del siglo pasado una inusitada complejidad.

El balance fue satisfactorio en líneas generales. Se marcó récord en llegada de turistas y de ingresos, se volteó la balanza y se mejoró la imagen del país. Los nuevos vientos tocaron a los viajeros colombianos que lograron obtener la exención de visado en todo el territorio Schengen, en los países que integran la Alianza del Pacífico, e inclusive en República Dominicana y Curazao.

A lo largo de la década el crecimiento de visitantes precipitó la llegada de aerolíneas y multiplicó las rutas y frecuencias aéreas, comprometiendo al Gobierno en la ejecución de obras de infraestructura aeroportuaria. De 2.6 millones de viajeros internacionales que se trasladaban hasta estas tierras en 2010, la cifra se trepó el año pasado a 6.5 millones, marcando un aumento aproximado del 150% durante el período. Las condiciones del mercado permitieron extender las conexiones aéreas en un 40%, a 81 destinos internacionales, y conformaron una variopinta propuesta de servicios integrada por 34 aerolíneas.

En infraestructura se dio un sacudón, con inversiones cercanas a los cien billones de pesos que, además de aeropuertos e instalaciones turísticas, cubrieron frentes viales, puertos marítimos y líneas férreas, con los que se ha beneficiado el desenvolvimiento de la actividad. Siete billones de pesos fueron directamente destinados para intervenir 90 terminales aéreas, y $565.000 millones se ejecutaron en 166 proyectos turísticos, entre ellos algunos embarcaderos, centros de convenciones, senderos y señalización.

La hotelería vivió su propio boom, luego de la moderada inversión en infraestructura que por US$1.700 millones se registró en 2010. En los últimos años las cifras se triplicaron, facilitando la apertura de 218 hoteles de reconocidas marcas internacionales, que consolidaron una oferta de 25 mil nuevas habitaciones. El despegue hotelero comenzó a labrarse desde 2003, a raíz de una suma de factores claves, como reglas claras en la inversión, los incentivos tributarios aprobados durante el Gobierno Uribe, los cambios en la percepción en seguridad, el tamaño del mercado colombiano –el tercero en Latinoamérica- y el TLC firmado con los Estados Unidos.

Los ingresos por divisas turísticas también se destacaron en lo corrido de la década. Entre 2010 y 2017 crecieron un 68%, al pasar de US$3.440 millones a US$5.787 millones. Una tendencia parecida a la que se registró en el caso del empleo, en el que se alcanzó una meta cercana a los dos millones de trabajadores, en su gran mayoría con ocupaciones formales.

El turismo atraviesa por su mejor momento histórico y es tal su impulso que se convierte en la segunda fuente de divisas del país, después del petróleo y los hidrocarburos, saltando por encima de las tradicionales exportaciones de café, banano y flores. Su media de crecimiento del 12% triplica el promedio mundial, y construye un atractivo escenario que le permite a Colombia incursionar en los catálogos internacionales y en los principales medios de comunicación del exterior como un destino turístico recomendado. Resultado de ello es también el regreso e incremento de cruceros a nuestros más emblemáticos puertos caribeños.

El despegue se viene haciendo a buen ritmo, pero falta un largo trayecto para llegar al destino. Diversos problemas deberán solucionarse en materia de planeación, gestión e infraestructura, si se le quiere sacar frutos a la privilegiada posición geográfica de Colombia y a la competitiva diversidad cultural y de naturaleza que tienen las multifacéticas regiones del país.

Colombia es hoy en día una interesante apuesta turística, con un enorme potencial latente que soportaría gran peso de la economía de persistirse en la necesidad de consolidar la paz para rescatar y proveer de bienes públicos antiguas y actuales zonas de conflicto armado y hacer un aprovechamiento sostenible de sus valores agregados. Gran parte del éxito alcanzado por el turismo se debe a los diálogos con la guerrilla, que mejoraron las condiciones de seguridad y la confianza hacia el país. Sembrar bonanza, sin embargo, exigirá además de buenos vientos mucha dosis de voluntad política.

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@Gsilvar5

 

Esta opinión es responsabilidad única del autor, y no compromete al Círculo de Periodistas de Bogotá

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