Opinión

Flotando en el aire

Bien podrá pensarse que la ruta aérea más transitada del planeta se encuentra entre los palpitantes y concurridos centros financieros de occidente, y que la más rentable la cubre alguna deslumbrante aerolínea asiática, de esas que suelen recibir galardones de excelencia por el lujo y la calidad de sus servicios. Pero las últimas estadísticas muestran todo lo contrario.

Según un reciente informe de la Empresa de Análisis de Viajes Aéreos (OAG), la ruta más transitada está refundida en medio de un exótico rincón asiático y comprende un pequeño trayecto, que podría ser equivalente al de Bogotá y Medellín, entre las ciudades surcoreanas de Seúl, la capital, y Jeju, una provincia insular autónoma. Y de acuerdo con las proyecciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) la más rentable es una ruta trasatlántica que conecta a dos ciudades cosmopolitas y en permanente hervor, como son Londres y Nueva York.

Jeju es una pequeña pero hermosa isla de playas grandes y finas arenas que sorprende por su atractiva cadena de volcanes y túneles de lava, que le han valido ser declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Reúne particulares características de refugio turístico y atiende una refinada clientela de visitantes en busca de suntuosos casinos o millonarios negocios. Su única conexión aérea con la costa continental es a través de Seúl, y de ahí que los dos aeropuertos, separados por 450 kilómetros de distancia, trabajen a todo vapor y registren, según el último corte de cuentas, un cruce histórico de 65 mil vuelos.

A esta ruta le sigue en movimiento la que va de Melbourne a Sidney, dos polos turísticos australianos que en 2017 intercambiaron pasajeros a través de 55 mil vuelos. La OAG referencia en el quinto lugar a la primera latinoamericana, Río de Janeiro-Sao Paulo, en Brasil, que alcanzó 40 mil vuelos, y en el séptimo escalón a la primera estadounidense, la que cubre Los Ángeles con San Francisco, que les permitió a las dos metrópolis entrelazarse con 35 mil operaciones.

En cuanto hace a la rentabilidad, el premio gordo para las compañías en 2017 quedó en occidente. La ruta más jugosa, según la IATA, atraviesa el Océano Atlántico, entre el aeropuerto londinense de Heathrow y el John Fitzgerald Kennedy de Nueva York, y es operada por la emblemática British Airways. Para los intereses de la compañía inglesa, la movilización de pasajeros por este tramo le permitió sobrepasar el umbral de los US$1.000 millones, cifra nada despreciable que representa el 6% de sus ingresos totales. Sin embargo, de perfilarse las ganancias por hora de vuelo, la de British fue mil dólares menor que los US$25.308 que le produjo a Emirates Airlines la ruta Londres-Dubái.

Tanto en el escalafón de la OAG como en el de la IATA, la ruta de Melbourne a Sidney repite por partida doble, por cuanto no solo es la segunda en movimiento de pasajeros sino en generación de utilidades. Ambos frentes benefician a Quantas, la compañía bandera australiana, que el año pasado le sacó beneficios por US$855 millones. En el Top Ten de las más productivas, Los Ángeles-New-York, a cargo de American; San Francisco-New York, de United, y Vancouver-Toronto, de Air Canadá, ocuparon los puestos quinto, sexto y noveno, con ingresos de US$698 millones, US$688 millones y US$553 millones, respectivamente.

Dentro de este competido mercado de conexiones y dividendos, el aeropuerto de Heathrow es la joya de la corona. Sus instalaciones combinan servicios de gran amplitud y alta frecuencia y recogen una tajada considerable del tráfico comercial de pasajeros, usualmente superior al de cualquier otro aeródromo en el mundo. Cinco de las diez principales rutas por ingresos tienen como punto cardinal esta compleja infraestructura aeroportuaria donde se realizan 500 mil operaciones anuales para conectar 180 destinos de 90 países.

Pese a los fuertes vientos de las crisis económicas, las utilidades de las grandes aerolíneas conservan un positivo crecimiento, y 2018 no parece ser la excepción. Se prevé un período récord que supere el 11% logrado durante 2017, cuando las empresas recibieron beneficios del orden de los US$39 billones. Comportamiento que volará al ritmo de los mayores volúmenes de pasajeros y del paulatino incremento en las tarifas de los boletos.

Las rutas de alto tráfico se vuelven cotidianas en un mundo globalizado, en el que los explosivos pronósticos de crecimiento poblacional mantienen el alza, y donde la infraestructura aeroportuaria funge como motor estratégico de las economías nacionales. Las más importantes aerolíneas, por su parte, capotean las tempestades y en aras de su sostenibilidad seguirán velando por el dominio y control de lucrativos trayectos que mejoren el aterrizaje de unas finanzas que, literalmente, viven flotando en el aire.

Tomado de: El Espectador

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@Gsilvar5

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