Nosotros

Cuando el CPB cumplió 20 años de vida, en reconocimiento de su trayectoria de méritos, el Gobierno Nacional le otorgó la Cruz de Boyacá. Y debe ser esta una de las mayores satisfacciones de la entidad que en tiempos ya lejanos fue blanco de la hostilidad oficial.

Vinieron tiempos más propicios y el CPB entró en una era dinámica de brillante espiral. Las directivas lograron que a cambio del terreno expropiado de la Avenida Jiménez, se nos cediera un nuevo lote sobre la Avenida 26 y dentro de la floreciente zona que se ha llamado “Centro Internacional”.

Los tiempos favorables se aprovecharon aún más bajo la primera presidencia de Alfonso Castillo Gómez. Se inició la construcción de nuestro edificio “número 1”, pero al llegar ala terminación de la estructura se acordó que los presupuestos nos quedaban grandes. Se promovieron gestiones muy inteligente y visionariamente  dirigidas, se obtuvo la adjudicación de un espacio de terreno vecino, y los recursos disponibles se destinaron a levantar otro edificio, el “número2”, de proporciones menos ambiciosas. Pero veamos que lo que hemos convenido en llamar “recursos disponibles” fueron algunos auxilios oficiales y el crédito bancario personal del presidente Castillo Gómez.

En el edificio “número 2” tuvimos nuestra primera sede forma y nuestro primer club, y ahora esa construcción está arrendada al Instituto Colombiano de Seguros Sociales, entidad que  estableció allí un modernísimo y completo dispensario destinado a nosotros mismos, es decir, a los trabajadores de los medios de comunicación.

Años después de levantada la estructura del edificio “número 1”, y bajo la presidencia de Nicolás Mora Dávila, mediante la financiación negociada con un “pool” bancario, fue posible la terminación total de la obra.

No hay para qué hablar mucho del hermoso presente del CPB, porque está a la vista de todos nuestros socios. Disponemos de magníficas oficinas y de una sala de conferencias que ha sido aprovechada para promover ruedas de prensa de admirable trascendencia. Eventos que han venido a perfilar la imagen del Círculo y a robustecer la importancia de su posición dentro de la vida nacional.

Y disponemos también de un club social de alta categoría, que en muy poco tiempo ha alcanzado renombre y que constituye para los periodistas que ostentan la satisfacción de contarse entre los socios del CPB, una maravillosa y enorgullecedora conquista.

Digamos además, como constancia histórica, que se ha logrado todo esto sobre la línea recta del más escrupuloso y honesto manejo de una institución tan respetable y arisca, tan difícil de conducir y tan exigente en cuanto a la meta de sus anhelos, como este gremio de los periodistas capitalinos,. Porque jamás, en el difícil y accidentado devenir de nuestra organización, se han anotado pasos que se puedan relacionar con el comportamiento indebido o cuando menos desacertado, de quienes han tenido a su cargo la administración y la orientación de este noble empeño colectivo. Y se han alcanzado las realidades que los afiliados conocen, a pesar de que cuando llegaron los que llamamos “tiempos propicios”, las nuevas circunstancias fueron precipitadamente aprovechadas por algunos colegas para la creación de un inconveniente paralelismo que se manifestó en la aparición de nuevos organismos o agrupaciones. Paralelismo que llegó a determinar, aunque afortunadamente en muy pequeña escala, cierta disgregación o desorientación gremial.

La dotación de nuestro nuevo club y de nuestras oficinas, así como el trascendental aprovechamiento de la sala de conferencias, son novedades debidas a la actual Junta Directiva presidida por Alfonso Castillo G}ómez. Pero estos son hechos presentes y nuestro propósito se limita a una reseña histórica de cómo nació, de lo que fue y de cómo llegó a ser lo que es el Círculo de Periodistas de Bogotá.  De esta manera, fuera e lugar quedaría el registro de los prospectos de la actual Junta Directiva en los órdenes social, cultural y definidamente periodístico profesional. Basta decir que son grandes propósitos cuyos resultados habremos de ver en un cercano futuro,. Hay días por venir y hay mucho por hacer.

Alborozadamente debemos registrar, como otro de los hechos importantes en al vida del CPB, el masivo ingreso de nuevos socios, muchos de los cuales, periodistas de admirable trayectoria profesional, pertenecieron a otras de las agrupaciones que se organizaron hace algunos años. El Círculo, pues, se ha revitalizado gremialmente, y las nuevas realidades nos están diciendo que el manejo de los destinos de nuestra institución está próximo a pasar a manos nuevas.

Los fundadores y los viejos socios del Círculo conocemos minuciosamente la historia de nuestra institución, así que la presente reseña quiere ser una información dirigida a la gente nueva. En este escrito dejamos resumidas las contingencias que la institución afrontó y superó a lo largo de algo más de 26 años, y todos nuestros afiliados, los antiguos y los nuevos, tienen a la vista lo que hemos logrado realizar.

No es que todo esté hecho. Evidentemente, hay mucho por hacer. Pero nuestras bases son sólidas, inconmovibles y nobilísimas. Tanto, que puede sobrar el señalamiento de la seria responsabilidad gremial que asumen quienes hayan de sucedernos en la orientación y la celosa administración de un organismo tan acreedor al respeto como el Círculo de Periodistas de Bogotá.